El pasado 1 de Mayo la ciudad eterna fue el mayor escenario de fervor que recordó a Juan Pablo II (Karol Wojtyla), la mayor ceremonia de beatificación que jamás vieron los siglos. Más de un millón y medio de fieles se dieron cita para rendirle su gran homenaje cuando, después del acto penitencial de la misa de beatificación de Juan Pablo II, el Cardenal Agostino Vallini, Vicario General de Papa se acercó a su santidad Benedicto XVI y con profundo respeto y fervor, junto al postulador de la causa, Monseñor Slawomir Oder, pidió que se procediera a la beatificación del Siervo de Dios:
“Beatissime Pater,
Vicarius Generalis Sanctitatis Vestrae
pro Romana Dioecesi,
humillime a Sanctitate Vestra petit
ut Venerabilem Servum Dei
Ioannem Paulum II, papam,
numero Beatorum adscribere
benignissime digneris.”
(Fórmula específica para proceder a la beatificación de Juan Pablo II)
Benedicto XVI utilizó una mitra, una casulla y un cáliz que había usado Juan Pablo II, fue el primero en postrarse ante el féretro de su predecesor y nuevo beato, con la anécdota sin precedentes de que nunca antes un Papa proclamaba beato a su predecesor en el solio Pontificio. Seguidamente se repasó una breve biografía del pontífice polaco. Una vez terminada, Benedicto XVI leyó la formula de beatificación y, al terminar, se descubrió el tapiz en la fachada principal de la basílica de San Pedro con el nuevo beato. En ese momento se entonó el himno de Juan Pablo II en latín, y se procedió a colocar en el altar las reliquias de este gran Pontífice para la veneración de todos los fieles.

Momento en el que se descubrió el tapiz en la fachada principal de la basílica de San Pedro con el nuevo beato : Intereconomía
La monja polaca Sor Tobiana, que estuvo al cuidado de Juan Pablo II hasta su muerte, y sor Marie Simon Pierre, cuya curación de manera inexplicable para la ciencia de la enfermedad del Parkinson que padecía, ha llevado a la beatificación del beato. Las dos religiosas llevaron hasta el altar mayor un artístico relicario fabricado para la ocasión con una pequeña ampolla con sangre de Juan Pablo II.
El cardenal Vallini terminó agradeciendo a su santidad con estas palabras:
“Beatissime Pater,
Vicarius Sanctitatis Vestrae
pro Romana Dioecesi,
gratias ex animo Sanctitati Vestrae agit
quod titulum Beati
hodie
Venerabili Servo Dei
Ioanni Paulo II, papae,
conferre dignatus es.”
El Papa estipuló que la fiesta litúrgica del gran beato se celebrara el 22 de octubre, aniversario del comienzo de su pontificado en 1978. Tras la proclamación, las cámaras de TV enfocaron el féretro del papa Wojtyla colocándolo ante el altar de la Basílica de San Pedro. Sobre el ataúd fue colocado el evangeliario de Lorsch, de época medieval, uno de los más preciados evangeliarios custodiado en la biblioteca apostólica vaticana que contiene los evangelios de Lucas y Juan.Una vez terminada la Homilía, el Papa saludó a los participantes en la beatificación en varios Idiomas: francés, inglés, español y polaco, concluyendo con su agradecimiento a las autoridades Italianas por su colaboración en la organización de este día. Al final de la celebración eucarística, el santo Padre acompañado por los cardenales concelebrantes, se dirigió al interior de la basílica vaticana para venerar al nuevo Beato, posteriormente hicieron lo mismo las autoridades presentes así como los obispos y demás fieles.

El féretro del papa Wojtyla colocado ante el altar de la Basílica de San Pedro. Sobre el ataúd fue colocado el evangeliario de Lorsch, de época medieval, contiene los evangelios de Lucas y Juan, el féretro del Beato fue custodiado por la Guardia Suiza. Imagen: nuevatelevision.es
Asistieron a la ceremonia celebrada en la plaza de San Pedro, ochenta y siete delegaciones de varios países, entre ellos cinco casas reales, dieciséis jefes de Estado (entre ellos los presidentes de Italia y de Polonia y siete primeros ministros). Cientos de miles de personas venidas de todo el mundo llenaban la Plaza de San Pedro y las calles adyacentes. La ceremonia también se pudo seguir en todo el mundo desde varias pantallas gigantes instaladas en el Circo Máximo y en algunas plazas de la ciudad, y a través del canal internacional. Unas ochenta mil plantas, procedentes de la región sureña italiana de Puglía adornaban el recinto Vaticano. Los representantes de las casas reales vestían para la ocasión, sus acompañantes con velo negro; sólo se denotaban el privilegio a las reinas católicas que deja portar velo blanco.

Instante en el que se puede observar, la deferencia de la mantilla o velo blanco que se otorga a las reinas católicas.
Los restos mortales del Papa que recorrió medio mundo, descansan para siempre en la capilla de San Sebastian de la basílica de San Pedro. Seis años y veintinueve días después del fallecimiento del sumo pontífice, su santidad Juan Pablo II, se hace realidad no un sueño, sino un merecido reconocimiento de beatificación a un hombre en el que su vida estuvo enmarcada en la Fe.
Una noticia a primera hora, antes de dar comienzo la ceremonia, ensombrecía este acto emblemático con el fallecimiento del Cardenal Arzobispo emérito de Valencia don Agustín García Gasco, al que desde aquí rindo mi pequeño homenaje dejando patente una imagen de uno de los momentos en los que pudimos compartir juntos unas palabras e intercambio de opiniones.
Rafael Marcos Pardo
Protocolo y Relaciones Institucionales.




